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El financiamiento de la educación en el Perú: alternativas de solución
Durante el trigésimo periodo de sesiones de la CEPAL llevado a cabo en San Juan de Puerto Rico en julio pasado, se prestó especial atención al tema del financiamiento y gestión de la educación en América Latina y el Caribe. Los documentos preparatorios enfatizaron que "la Educación es el medio privilegiado para asegurar un dinamismo productivo con equidad social, fortalecer democracias mediante la promoción del ejercicio ampliado y sin exclusiones de la ciudadanía, avanzar a mayor ritmo en la sociedad de la información y el conocimiento, y enriquecer el diálogo entre sujetos de distintas culturas y visiones del mundo". Que duda cabe, pues, que el aporte de la Educación al desarrollo de un país tiene múltiples dimensiones: ética, económica, social, productiva, cultural y política.
Respecto al financiamiento, se reconoce que, en las últimas décadas, la región latinoamericana ha hecho esfuerzos para atender con mayor prioridad a la educación. Así, América Latina destina en la actualidad entre un 12% y un 22% del gasto público total a la educación, y en promedio destina el 4% del PBI. El gasto en educación promedio per cápita anual bordea los 137 dólares. Estos datos no acortan las diferencias en la inversión educativa y resultan claramente insuficientes en comparación con países desarrollados, y con lo requerido para alcanzar mayores logros educativos e igualdad de oportunidades, contribuir a reducir los índices de pobreza y exclusión social así como al fortalecimiento del capital humano para su contribución al desarrollo económico y de la ciudadanía.
El Perú no es ajeno a la realidad educativa latinoamericana y a sus formas de financiamiento y más bien, junto con Bolivia, Ecuador, El Salvador, Nicaragua y Honduras; es de los países que menos contribuye a mejorar los promedios arriba presentados. Sin embargo, se puede admitir que el Perú en los últimos años ha hecho un esfuerzo importante para incrementar los recursos destinados a educación. No obstante, aunque los recursos para educación se han incrementado en términos absolutos, como proporción del PBI han tendido más bien a estancarse alrededor del 2.8% (sin considerar las cargas sociales) y representan en promedio el 17% del presupuesto anual.
Se aprecia pues que, dentro de las prioridades presupuestales, el sector educación ha perdido peso específico en las asignaciones anuales y en mayor medida dentro del gasto de capital (léase inversión que va a aquellos componentes distintos a remuneraciones: bibliotecas, capacitación, libros, etc). Esta disminución se explica básicamente por la reducción sistemática en la asignación del crédito externo para proyectos de inversión que inciden en mayor medida en la calidad de la educación. Esto configura un panorama sombrío para la educación ya que las asignaciones presupuestales, que se suponen expresiones anuales (corto plazo) de políticas de estado (mediano y largo plazo), no evidencian que ésta es prioridad real de inversión y planeación del Estado; de allí nuestros magros resultados en aprendizajes, equidad y eficiencia del sistema educativo, sin desconocer los problemas de gestión y la discontinuidad de políticas educativas.
Los esfuerzos de los últimos tres años por asignar mayor gasto corriente -léase incrementos de remuneraciones - que en la actualidad representa el 95% del gasto total en Educación y dentro de éste el 99% son remuneraciones, harán que, de continuar la tendencia hasta el 2006, dicho rubro alcanzará el 99% del total del gasto en educación, con lo cual la estructura del presupuesto para educación será única a nivel mundial: quedaría el Sector en general y el Ministerio de Educación en particular, como un mero administrador de planillas agudizándose el carácter inercial que ha caracterizado en los últimos años al gasto en educación en el Perú. Esto hará que, en perspectiva se perpetúen las inequidades del sistema restando o incluso eliminando los pocos márgenes existentes para implementar las reformas de carácter estructural que requiere el sistema (reforma magisterial, optimización del gasto, conversión del sistema, implementación de sistemas de gestión y participación descentralizados, reformas pedagógicas, desconcentración de funciones, entre otras).
Según lo establece el Marco Macroeconómico Multianual 2005 - 2007, se requiere financiamiento adicional que puedan destinarse a programas especiales para mejorar la calidad, equidad y eficiencia de la educación para mejorar las habilidades básicas con prioridad a los grupos de población más vulnerables, haciendo eficiente el uso del presupuesto asignado. Según dicho marco, el logro de las tasas de crecimiento económico implica elevar la productividad y competitividad de la economía, para lo cual es preciso más recursos para enfrentar los desafíos de la calidad de la educación ya que, sin una educación de calidad y sin una política de capacitación ocupacional agresiva, las metas macroeconómicas podrían peligrar. Más aún cuando el país se enfrenta al reto que le impone la globalización y en particular la reciente apertura comercial que requerirán mano de obra adecuadamente calificada, que en conjunto asegure un dinamismo productivo con equidad social.
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